Para tomar buenas decisiones con tu dinero
¿Alguna vez han comprado algo y días después se preguntaste si realmente valía la pena?
¿Han sentido que el dinero desaparece sin saber exactamente en qué lo gastaston?
La mayoría de los problemas financieros no comienzan porque las personas consigan poco dinero, sino porque toman decisiones sin distinguir entre lo que realmente necesitan y lo que simplemente desean.
Saber administrar el dinero no consiste únicamente en ahorrar. Consiste en tomar decisiones inteligentes con los recursos que Dios pone en nuestras manos, evitando que las emociones controlen nuestras compras.
¿Qué significa administrar bien el dinero?
Administrar el dinero es decidir conscientemente qué hacer con los recursos que recibimos para que cumplan un propósito.
No se trata de gastar todo lo que tenemos ni de guardar todo por miedo a usarlo. Se trata de encontrar un equilibrio donde cada peso tenga una razón para ser utilizado.
Antes de comprar algo debemos preguntarnos:
¿Realmente necesito esto o solo es un gusto?
¿Estoy comprando porque lo decidí o porque me dejó llevar por el momento?
¿Qué es una necesidad?
Una necesidad es aquello que resulta indispensable para vivir, cumplir con nuestras responsabilidades o favorecer nuestro crecimiento personal.
Las necesidades pueden variar según la etapa de vida de cada persona, pero siempre tienen una característica en común: generar un beneficio real.
Algunos ejemplos de necesidades son:
Alimentación.
Educación.
Transporte.
Atención médica.
Materiales para aprender o desarrollar una habilidad.
Una necesidad responde a una pregunta muy simple:
¿Qué pasaría si no tuviera esto?
Si la respuesta afecta tu bienestar, tus responsabilidades o tu desarrollo, probablemente estés frente a una necesidad.
¿Qué es un deseo?
Un deseo es aquello que queremos porque nos produce satisfacción, comodidad o diversión, pero que no resulta indispensable.
Los deseos forman parte de la vida y no tienen nada de malo. De hecho, disfruta del fruto de nuestro esfuerzo también es sano. El problema aparece cuando los deseos se convierten en prioridades y comienzan a desplazar las necesidades.
Por ejemplo:
Cambia un celular que todavía funciona solo porque salió un modelo nuevo.
Comprar ropa por impulso aún que tienes algunas piezas que ni te haz puesto o te haz puesto pocas veces.
Adquirir accesorios únicamente porque están de moda.
Gastar constantemente sin haber planificado esa compra.
Un deseo responde a una pregunta distinta:
¿Puedo vivir perfectamente sin esto por ahora?
Si la respuesta es sí, probablemente trate de un deseo.
El mayor enemigo de tu dinero: las compras impulsivas
Las compras impulsivas son aquellas que se realizan sin planificación y guiadas principalmente por las emociones.
Muchas veces aparecen por razones como:
Una oferta.
La presión de querer tener lo mismo que los demás.
El aburrimiento.
La presión social.
El problema no es únicamente el dinero que se gasta. Lo más grave es el hábito que se forma: acostumbrarse a decidir con las emociones en lugar de hacerlo con la razón.
Como diferenciar una necesidad de un deseo.
Antes de gastar dinero, distente unos minutos y responde estas cuatro preguntas:
1. ¿Lo necesito ahora o puedo esperar?
Las necesidades suelen requerir atención en un tiempo razonable. Los deseos casi siempre pueden esperar. Es decir un Padre de familia no puede aplazar comprar comida si no hay sombrero en la casa, pero comprar el último Iphone o el motor de moda eso si puede esperar,
2. ¿Esta compra solucionará un problema o solo me dará una satisfacción momentánea?
Lo que dura unos minutos no siempre vale el dinero que cuesta. Las compras que resultan de un problema esas son necsesidades.
3. ¿Seguiré pensando que fue una buena compra dentro de un mes?
Muchas compras dejan de parecer atractivas después de unos días. Si despues de comprar algo te arrepientes o sientes que no era la gran cosa entonces pudo haber sido solo un deseo.
4. Si hoy no compro esto, ¿Puedo adquirir algo mejor en el futuro?
Es decir, abstenernos de comprar algunas cosas y ahorrar ese dinero me puede ayudar a tener dinero en el futuro par acomprar algo importante en el futuro, como un vehículo, comprar o construir una casa, poder resolver cualquier problema futuro sin tener que tomar dinero prestado.
El dinero también refleja nuestras prioridades.
Cada gasto cuenta una historia sobre aquello que valoramos.
Si pensaramos en todas nuestras compras durante un mes, podríamos descubrir con facilidad cuáles son nuestras verdaderas prioridades. Es decir en lo que gastamos frecuentemente nos da una ide de cuales son nuestras prioridades.
Por eso, administrar el dinero no consiste solamente en hacer un presupuesto. También implica aprender a decir "no" a ciertas cosas para poder decir "sí" a aquello que realmente importa.
¿Qué tiene que ver todo esto con nuestra vida de fe?
Dios nos confía los recursos para que los administremos con sabiduría, no para desperdiciarlos. Por ejemplo Jesus nos conto la parabola de los talentos, nos conto la parabola del hijo prodigo,
Distinguir entre necesidades y deseos nos ayuda a practicar virtudes profundamente cristianas: la prudencia para decidir con sabiduría, la templanza para dominar los impulsos y la gratitud para reconocer que no necesitamos tener más para vivir con alegría.
Cuando aprendemos a administrar bien el dinero, también somos más libres para ayudar a quien lo necesita, apoyar una buena causa y utilizar nuestros recursos de una manera que honre a Dios.
Al final, una buena educación financiera no solo mejora nuestra economía. También forma nuestro carácter y nos enseña a vivir con responsabilidad, libertad y generosidad, recordando que el dinero es un buen servidor, pero un pésimo dueño.